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Fundación Lisón-Donald

Trabajo de Campo

Mi trabajo de campo en Galicia acabó de corroborar y confirmar que la ontología y epistemología subyacentes a la oferta oxfordiana –que a su vez recogía y fortalecía sus precedentes- era la apuesta y el cortafuegos y antídoto al modernismo, una forma para conocer, comunicar y describir en grado y manera aceptable la vida mental del Otro, las maneras de los hombres y el group feeling del comunitario grupo. ¿Por qué? porque dar voz y voto etnográfico inicial –el final es propio del exégeta- al indígena en diálogo continuo requería a su vez –siguiendo caveats modernistas- examinar esas voces ab extra, con razones estructurales y descriptores categoriales culturales para evitar futilidades personales y reconstrucciones y generalizaciones evanescentes. Unas líneas más quizá aporten perspectiva.

Elegí Galicia porque conocía por lectura el variado espectro del folklore regional español siendo Galicia la que mayor impacto me produjo. Por lo leído presentí la creatividad cultural regional, sus ricas tradiciones con sentido local, la rica sabiduría folk y lo primario de la pequeña comunidad como algo específico y con carácter original, todo en un fondo de creencia entendida como valores, ideales y normas de sentido ecológico anclado en vocabulario ético y moral, en suma en su pathos y ethos peculiar que he plasmado en varias monografías. Me confirmé en mi inicial presunción. Hoy sigo viviendo el mundo mental gallego puesto que siempre en todas mis presentaciones y artículos de la fascinante etnografía gallega que personalmente he recogido. Y esto merece una breve pausa. No pretendo ni mucho menos tener el monopolio de la verdad en la interpretación de la etnografía gallega pero sí que me enseñó un modo negociador sotto voce para afrontar paradójicas afirmaciones sin solución y la virtud social de la reticencia. Me instruyó también en la custodia de los labios, en el valor de la ambigüedad, del quizá, del como si, del asegún, del “Dios es bueno pero o demo no es malo” etc. muestra y parte de la artillería dubitativa discursiva regional; eso es también parte de lo humano.

¿Por qué trabajo de campo? Porque es nuestro ufficio naturale, nuestra razón de ser. Consiste en 1º) en una inmersión continuada –longue durée- en el espacio-tiempo-mundo del Otro para oír su voz original en diálogo y convertir acción, intención, valor y pensamiento en algo visible y oíble para otros. 2º) Como sabemos que las palabras no son cosas y que sus prescripciones culturales no están escritas en acero nos servimos de modos de detección y exploración (de razones estructurales, de descriptores categoriales, de la carnación del signo y del símbolo, de lo orgánico, histórico y contextual,) de la hermenéutica de la facticidad en una palabra. Pretendemos así evitar la futilidad de excesivas reconstrucciones y generalizaciones evanescentes pero 3º) haciendo del yo personal a la vez un yo colectivo vehículo del sentimiento del grupo o, en otras palabras, la teofanía del lugar convertida en verdad. La verdad, la sabiduría folk y la creencia están situadas en el mundo natural local, en el uso, atracción y encanto del verde prado y del pequeño río, en el carreto y la romería, en el rito, la fiesta y el mito –la verdad de la mentira- figuras todas de realidad experienciada, vividas y contadas que devienen reales y construyen el canon local, la verdad emotiva que amplifica la realidad con un significado más profundo que transciende el análisis puramente racional porque va más allá y alcanza valor comunitario atrayente y ambiguo. Operación conjuntiva del espíritu.